
Esto es para ti, sí, para ti. Para ti porque sufres en silencio, para ti porque crees que no hay solución, para ti porque eres mucho más especial de lo que crees.
La mayoría de las veces, si pudiéramos vernos desde los ojos de los que nos quieren, nos daríamos cuenta de la bondad y las virtudes que ven ellos en nosotros. Ojalá pudieras verte con esos ojos, ojalá pudiera prestarte los míos.
Eres un ser maravilloso, naciste y viniste a este mundo ganando una batalla contra millones de contrincantes que ansiaban alcanzar el óvulo para fecundarlo. Y sí, te lo repito: tú ganaste esa batalla, tú fuiste la estrella de esa carrera y tú viniste a este mundo para hacer algo grande.
Nacemos con la capacidad de soñar y, poco a poco, año a año, la vamos perdiendo fruto de las negativas que recibimos a nuestras ilusiones, fruto de la educación que nos pretende encarrilar por lo que creen que es el mejor camino para nosotros. Pasamos por la adolescencia y ahí sufrimos la magnitud de los problemas. Esos que no nos dejan respirar porque todo es el fin del mundo. Esos que nos hacen sentir que todo pierde el sentido, que no lo superaremos, que no somos fuertes. ¿Pero sabes algo?, solo es una etapa. Una en la que magnificas absolutamente todo lo que te ocurre, una que terminarás atravesando y de la que saldrás más fuerte. Solo es cuestión de tiempo, de aguante, de aprendizaje y de buscar ayuda, si la necesitas. No tienes porqué pasar por eso tú en solitario, en tu silencio o en tu ahogo porque los demás habrán vivido algo parecido, aunque no lo creas, y te podrán ayudar.
En la adolescencia llegan esos primeros amores que nos marcan para siempre. Fluyen esos sentimientos desde la pureza y la inocencia. Creemos que no encontraremos a nadie igual y, de pronto, todo se acaba. Te ahogas y no sabes como seguir, pero un buen día, alguien se cruzará en tu camino y te hará soñar de nuevo. Déjate llevar, aún eres joven. La vida está para eso, para disfrutarla, dejarse llevar y vivirla intensamente. Al final todo serán bonitos recuerdos, con el tiempo mirarás atrás y te darás cuenta de todo lo que pudiste sentir gracias a esa fase de locura, que vivimos sin miedos y con ilusiones.
Tras esos años en los que luchamos contra los cambios en nuestro cuerpo y en nuestras hormonas y en los que debemos tomar decisiones trascendentales, llegan las ganas de comerse el mundo. Elegimos carrera, profesión o viajamos al extranjero a vivir experiencias. Es un momento maravilloso. Empiezas a ser independiente, vives las cosas de otra manera y empiezas a buscar una pareja estable para ir pensando en un futuro. Y llega, todo llega. Las mujeres empezamos a sentir, en algún momento de nuestra vida, que nuestro reloj biológico está en marcha y no podemos retrasar los sueños por mucho tiempo. Y entonces, te casas (o no), buscas tu primer hijo y, si tienes suerte, llega pronto para descolocar tu vida para siempre, pero acompañado de grandísimos momentos de ternura y amor.
Y ahí, justo ahí, es cuando sientes que has conocido el amor más inmenso. Cuando crees que ya no podrás amar a nadie con semejante intensidad. Cuando el bebé pasa a ser el centro de tu mundo. Pero te voy a contar un secreto, uno que has oído mil veces pero al que probablemente no le has prestado mucha atención: los años pasan rápido y los hijos crecen. No descuides el amor de pareja, no intentes llegar a todo sin pedir ayuda, no cargues con tareas y deberes que deben ser compartidos (cuando hay alguien con quien puedas hacerlo). Sé madre y disfruta, pero no olvides ser mujer. La vida pasa y no deberías dejar de ser quien eres en ningún momento. Quiérete, quiérete mucho y cuídate. Dedícate un tiempo porque te lo has ganado y lo necesitas. Y así solo así, tendrás amor a raudales para darle a los demás. Amarás a tu pareja, a tus hijos, a tu familia y amigos, porque la base de todo, es que te ames a ti.
Te daré un consejo desde el corazón, desde el cariño. Agárrate a las pequeñas cosas. A esas que parecen insignificantes, que a veces incluso no valoramos, pero que al final son las que marcan la diferencia. Si alguna vez no tienes claro cómo seguir, si algo no te deja coger aire y sientes que no encuentras el camino, coge tu mundo y ponlo boca abajo. Cuando lo vuelvas a enderezar, solo quedará en él lo importante, lo que tenía raíces fuertes y pudo agarrarse con fuerzas a ti para no soltarte. Ahí reside lo importante, nunca lo olvides. Y mientras tanto, vive, ríe, contagia a todos los que te rodean de tu energía y de tu belleza. Porque eres única, especial y maravillosa. Viniste a este mundo a dejar huella, así que pisa fuerte y dale color a la vida con tus pasos.
@kalimour
